domingo, 21 de abril de 2013

FOTOGRAFIA



FOTOGRAFIA (primera versión)

Mientras espera el tren que viene de Bahía Blanca, en el andén de la estación, y en el cual en el que viaja su familia, piensa en la muerte de los mellizos de María y Manuel Cepeda de Tecka.  El viaje desesperado e inútil por llegar con los mellizos enfermos al hospital de Trelew.  El trayecto era demasiado largo y llegaron muertos.

La esposa de Jorge esperaba el segundo hijo. No recuerda como les llegó la noticia respecto de que en un pequeño pueblo del Alto Valle de Río Negro estaban construyendo el hospital que iba a ser el más complejo y avanzado de la Patagonia.

El fotógrafo ya ha preparado todo su equipo y el carro para ir a la chacra a tomar la fotografía.

Jorge tiene un auto esperando en el estacionamiento de la estación de trenes.  María, su esposa, viajó a Bahía Blanca, donde vivían su padre y tíos, para el nacimiento de Esther.  El la acompañó al parto y, luego, con todo el dinero que había obtenido de la venta de sus ovejas viajó, en el mismo tren que ahora espera, a la localidad donde ya se alzaba el edificio principal del hospital. 

Desde la muerte de los mellizos Cepeda han pasado cuatro años. Ha construido la casa, emparejado la tierra y plantado frutales. Le han dicho que su terreno es alto y que cuando crece el Río Negro se inunda antes el pueblo.

Una libreta forrada en cuero negro registra la planificación y el proceso que ha seguido para hacer la chacra y construir la casa.  Ha realizado un registro minucioso.

Espera serio y baja el ala del sombrero.  Ya escucha el ruido del tren. Abraza en forma medida a María y a sus tres hijos.  Cargan el equipaje en el baúl del auto y suben todo.  Los niños permanecen callados, temerosos.  Casi al mismo tiempo el fotógrafo ha salido en su carro. Y toma el precario camino de entrada a la chacra justo detrás del automóvil.

Jorge le pide al fotógrafo que espere un minuto. Entra a la casa y vuelve cambiado, se ha puesto las ropas de trabajo y una gorra.

La casa tiene cuatro dormitorios, uno más pequeño para el hijo de crianza, la cocina, un altillo, un sótano y el excusado en la parte trasera. Una bomba de agua a pocos metros del frente, donde ya se esboza un jardín en cuyo cultivo y mantenimiento Jorge se ha esmerado.

Ahora todos miran a la cámara.  Los hijos, el padre, la madre con el más pequeño en brazos…

Ahora observo, llorando, esa fotografía, grande, nítida, pegada sobre un grueso cartón, debajo de la cual alguien ha escrito, en lápiz, “1927”.

Roberto von Sprecher



jueves, 18 de abril de 2013


1.



Don
cayó
cada final

2.
 
Roger
lloró
ante
el cepillo


La vio
vestida
sería
la que vio
desnuda

pensó


1.



Retiro el saquito
de té
decepcionado
de sus propias fantasías
y tomó las llaves
miró atrás
otra vez

2. 



Retiro el saquito
de té
decepcionado

3.
Tomó las llaves
miró atrás
otra vez

martes, 19 de marzo de 2013

LAURA (CUENTO)

De la serie, posible futuro álbum de historietas, con Nacha Vollenweider, que conforman Juan Smith y Asalto al Boliche de Herrera



Laura


Laura nació en el norte de Alemania y emigró, muy pequeña, con sus dos hermanos mayores, a Allen, Rio Negro. Puede haber sucedido en el primer lustro de los años treinta. 


En la región en la que se instalaron había unos cuantos chacareros  alemanes y suizos.  Los hermanos la llevaban a los picnics que la colonia organizaba para recaudar fondos para enviar al partido nazi. Aún conserva algunas fotos de esos picnics.  Apenas había un par de familias de origen germano que no simpatizaban con los nazis. La mayoría de los suizos –mientras que en Europa eran neutrales o estaban en desacuerdo con el nazismo- apoyaban a Hitler. Según Laura también gran parte de los italianos y españoles –excepto los republicanos- estaban con los alemanes.


Laura recuerda que cuando iban al cine y aparecía Hitler en un noticiero gran parte de los asistentes se paraban y hacían el saludo nazi. 

Ya comenzada la Segunda Guerra Mundial -y en contra de la posición de sus hermanos- ella empezó a ir, los fines de semana, a las misas y a las actividades religiosas que un pastor protestante oficiaba en la casa de una de las familias que no era partidaria de los nazis. Los hermanos decían que esos alemanes eran judíos.


En 1944 Laura ya había cumplido catorce años.  Un agricultor vecino le propuso matrimonio y recuerda que aceptó para librarse de las imposiciones y recriminaciones de sus hermanos.


En tres años tuvo tres hijos. Su marido le prohibió hablar alemán y seguir asistiendo a las actividades religiosas.  El era católico y también simpatizaba con los nazis, no se lo había dicho antes del casamiento.  Laura trabajaba duramente en la chacra de lunes a lunes y además tenía que hacerse cargo de los tres niños.  Su marido pasaba cada vez más tiempo en un boliche que estaba a dos kilómetros de la casa.


Finalmente un domingo él apareció con una jovencita.  Los subió a ella y a los tres hijos, con un par de valijas, a una chata de las que usaban para sacar los cajones de frutas en la época de cosecha. Los llevó a la casa de sus hermanos.  Cuando éstos regresaron de trabajar y los encontraron se pusieron furiosos.  Los ubicaron en una pieza de tres por cuatro que estaba llena de trastos viejos. Desde entonces la hicieron limpiar la casa, cocinar y trabajar en el campo.


Hoy Laura es una anciana, sus hermanos han muerto y sigue viviendo en el mismo lugar.  La chacra está abandonada hace años y los frutales han sido arrancados.  Sus hijos trabajan en distintos pueblos del valle y ella vive de austeramente de una jubilación de ama de casa.



Roberto von Sprecher

(trampita:  la foto es de la chacra de mi familia.  Claro también hubo que arrancar los frutales... no daban los costos... ni querían alquilar una fincha chica)

ACA SI CON TITULOS

Y CLARO, CITA, DE DON PIERRE EN LA CONTRATAPA.  Y TODOS CRIOLLOS...

TODAVIA DEBEN FALTAR UNOS DETALLES, PERO HAY MAS DATOS


PRONTITO ENTRA A IMPRENTA





ESTOS SON LOS BOCETOS DE LA RETIRACION Y DE LA TAPA...  TITULO Y DEMAS QUEDAN PENDIENTES HASTA OTRA OCASION...
QUINTO VOLUMEN DE LA COLECCION ESTUDIOS Y CRITICA DE LA HISTORIETA, LIBROS DE NUESTRO EQUIPO DE INVESTIGACION... ¡DIBUJOS DE QUIEN?  NACHA VOLLENWEIDER POR SUPUESTO

jueves, 21 de febrero de 2013

ASALTO AL BOLICHE DE HERRERA

Subo algo nuevo, como para empezar el año, esta historia es parte de un conjunto, que incluyendo Juan Smith, puede que en algún momento se conviertan en un álbum de historietas.
Primera versión, ya en un tiempo le daré una revisada.



ASALTO AL BOLICHE DE HERRERA

      La historia,  de la que quedan apenas unas líneas borrosas en un diario local,  se transforma con el tiempo.  El mismo tiempo que concluye con la vida de quienes fueron testigos directos.  Se pierden, con esas muertes, entre otras cosas, los detalles y se comienzan a agregar algunos que nunca existieron.

      De hecho nunca hubo un asalto que haya podido registrar,  al Boliche de Herrara, porque aquel caserón,  en una época ya incierta,  en algún momento de las primeras décadas del siglo veinte,  no era el Boliche de Herrera sino el Boliche de Boné. Herrera y familia se establecieron en el mismo edificio,  ya en decadencia y con los ladrillos vistos del exterior desgastados, mucho después:  Pero cuando yo era un niño la historia circulaba como “el asalto al boliche de Herrera”.

      Hoy,  ya pasada la primera década del siglo XXI,  el ruinoso local aún subsiste y sigue siendo un boliche de campo.  Luce un letrero pintado a mano sobre la pared:  El Pobre Onofre”. Ubicado en esquina,  el propio local esquinado,  sobre la Ruta 22 y un camino rural. En la época del asalto la ruta 22 era de tierra,  el camino rural sigue siendo como entonces.

      Los hechos fueron sencillos y sangrientos.  Boné y parte de su familia atendían aquel boliche de ramos generales,  cuando entraron cuatro sujetos nada distintos a los clientes habituales.  Uno pidió alguna mercadería que estaba en uno de los estantes superiores,  por lo cual la mujer de Boné tuvo que acomodar la escalera y trepar para buscarlo.  Cuando estaba subiendo, sin previo aviso, uno de los individuos saco una escopeta y le tiró a la cabeza.

      En el revuelo inmediato Boné padre se escapó por el patio de atrás y corrió a la cercana chacra de Fernández a pedir auxilio.  Volvieron enseguida bien armados, aunque Golo Fernández sólo llevaba un cuchillo grande de cocina.

      El primero en entrar fue el propio Boné,  no había rastros de los asaltantes y todos los miembros de la familia habían sido muertos con armas de fuego.  Cuentan que, inmediatamente, Boné cayó muerto de un paró al corazón,  mientras que Golo, confundido en la oscuridad de la entrada clavaba el facón en una bordalesa de vino.

     La policía encontró a los asaltantes una semana después en unas cuevas al norte del Río Negro,  no se resistieron.  Nadie sabe hoy qué pasó entonces.  Si uno lee las noticias sobre otros hechos similares de la época no sería extraño que los hubieran fusilado ahí mismo.


(La imagen no corresponde al Boliche del cuento, tiene algunas similitudes, y fue publicada en http://www.panoramio.com/user/120595/tags/Argentina%20-%20Provincia%20de%20Buenos%20Aires%20-%20Duggan)