FOTOGRAFIA (primera versión)
Mientras espera el tren que viene de Bahía Blanca, en el andén
de la estación, y en el cual en el que viaja su familia, piensa en la muerte de
los mellizos de María y Manuel Cepeda de Tecka.
El viaje desesperado e inútil por llegar con los mellizos enfermos al hospital
de Trelew. El trayecto era demasiado
largo y llegaron muertos.
La esposa de Jorge esperaba el segundo hijo. No recuerda
como les llegó la noticia respecto de que en un pequeño pueblo del Alto Valle
de Río Negro estaban construyendo el hospital que iba a ser el más complejo y
avanzado de la Patagonia.
El fotógrafo ya ha preparado todo su equipo y el carro para
ir a la chacra a tomar la fotografía.
Jorge tiene un auto esperando en el estacionamiento de la
estación de trenes. María, su esposa,
viajó a Bahía Blanca, donde vivían su padre y tíos, para el nacimiento de
Esther. El la acompañó al parto y,
luego, con todo el dinero que había obtenido de la venta de sus ovejas viajó,
en el mismo tren que ahora espera, a la localidad donde ya se alzaba el
edificio principal del hospital.
Desde la muerte de los mellizos Cepeda han pasado cuatro años.
Ha construido la casa, emparejado la tierra y plantado frutales. Le han dicho
que su terreno es alto y que cuando crece el Río Negro se inunda antes el
pueblo.
Una libreta forrada en cuero negro registra la planificación
y el proceso que ha seguido para hacer la chacra y construir la casa. Ha realizado un registro minucioso.
Espera serio y baja el ala del sombrero. Ya escucha el ruido del tren. Abraza en forma
medida a María y a sus tres hijos.
Cargan el equipaje en el baúl del auto y suben todo. Los niños permanecen callados, temerosos. Casi al mismo tiempo el fotógrafo ha salido
en su carro. Y toma el precario camino de entrada a la chacra justo detrás del automóvil.
Jorge le pide al fotógrafo que espere un minuto. Entra a la
casa y vuelve cambiado, se ha puesto las ropas de trabajo y una gorra.
La casa tiene cuatro dormitorios, uno más pequeño para el
hijo de crianza, la cocina, un altillo, un sótano y el excusado en la parte
trasera. Una bomba de agua a pocos metros del frente, donde ya se esboza un
jardín en cuyo cultivo y mantenimiento Jorge se ha esmerado.
Ahora todos miran a la cámara. Los hijos, el padre, la madre con el más
pequeño en brazos…
Ahora observo, llorando, esa fotografía, grande, nítida,
pegada sobre un grueso cartón, debajo de la cual alguien ha escrito, en lápiz, “1927”.
Roberto von Sprecher



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